Los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial alteraron la atmósfera del planeta

Los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial alteraron la atmósfera del planeta

Han pasado casi 75 años desde el final de la Segunda Guerra Mundial y los ecos de las explosiones y las imágenes de muerte se han perdido en las fotografías y en el tiempo. A pesar de esto, los registros históricos de lo que ocurrió todavía pueden explicar lo que está pasando hoy.

Un artículo que se acaba de publicar en Annales Geophysicae, y elaborado por investigadores de la Universidad de Reading en Berkshire, Reino Unido, ha revelado que las explosiones producidas en los bombardeos aliados sobre Europa, entre 1943 y 1945, fueron capaces de alterar el funcionamiento de la ionosfera, la capa más alta de la atmósfera. Crearon ondas de choque tan potentes que sus efectos pudieron medirse incluso a miles de kilómetros de distancia, sobre el cielo de Reino Unido.

«Es impactante ver como las ondas causadas por las explosiones pueden tener efecto en el borde del espacio», ha dicho en un comunicado Christopher Scott, primer autor del estudio. «Cada bombardeo liberó la energía de al menos 300 rayos. Esta brutal fuerza nos ha permitido ahora cuantificar cómo los eventos que ocurren sobre la superficie de la Tierra pueden afectar también a la ionosfera».

Los resultados muestran que 152 bombardeos aliados en Europa alteraron la concentración de iones en la ionosfera a causa de las ondas de choque provocadas por las bombas en tierra. Esto tuvo la capacidad de calentar la atmósfera alta, causando un descenso de la concentración de iones.

¿Cómo comenzó esta peculiar investigación? Scott, científico del departamento de meteorología de la Universidad de Reading estaba interesado en estudiar la ionosfera. Esta capa, que va de los 80 a los 400 kilómetros de altura, es el lugar donde el viento solar, repleto de partículas cargadas, interacciona con el gas y crea corrientes eléctricas y fenómenos muy energéticos.

El extraño comportamiento de la ionosfera
El funcionamiento de esta capa está en general bien comprendido. Pero experimenta unas perturbaciones estacionales cuyo origen no se puede relacionar con el viento solar ni con la actividad del Sol. Esto lleva a pensar que hay fuentes terrestres, cuyo papel no es del todo bien entendido, que influyen en la dinámica de la ionosfera. Algunos investigadores han estudiado el efecto de terremotos, erupciones volcánicas y rayos como posibles causantes.

Christopher Scott tenía a su disposición la base de datos más extensa del mundo sobre las fluctuaciones de la ionosfera, recogidas desde una estación situada en Slough, Reino Unido, desde el año 1933 a 1996. Por desgracia, establecer una correlación entre lo que ocurre en la ionosfera situada sobre Slough y los fenómenos terrestres no es sencillo: requiere tener un registro histórico tan largo y detallado como el aquel lugar.

Pero este investigador tuvo una idea, ya explorada por otros autores. ¿Por qué no usar las explosiones de origen humano y su posible efecto sobre la ionosfera como atajo (en jerga científica, se suele decir «proxy») para averiguar cuál puede ser el origen de las perturbaciones de la ionosfera?

Un par de artículos científicos ya han estudiado el impacto sobre la inosfera de un accidente en una planta química y por las bombas usadas en la primera Guerra del Golfo. En esta ocasión, y como tenía a su disposición los datos de Slough, Scott pensó en que quizás podía usar la Segunda Guerra Mundial como fuente de... explosiones.

Una tonelada de TNT, equivalente a un rayo
Scott aunó fuerzas con el historiador Patrick Major, también profesor en la Universidad de Reading. A su disposición tenían el registro de las campañas de bombardeo sobre el III Reich llevadas a cabo de forma conjunta por la Royal Air Force (RAF) y las fuerzas aéreas de Estados Unidos (USAAF).

Los científicos consideran que la energía liberada por la explosión de una tonelada métrica de TNT (trinitrotolueno) es del mismo orden que la que libera un rayo (de nube a suelo). Por tanto, si se puede establecer una correlación entre los bombardeos y los cambios en la ionosfera, Scott y Major pensaron que quizás podrían averiguar cómo se puede estudiar la influencia de los rayos en las perturbaciones de la ionosfera.

Los resultados muestran que, en efecto, es posible establecer correlaciones entre bombardeos y momentos en los que la concentración de iones descendió en ciertas regiones de la ionosfera. Esta respuesta es posiblemente resultado de la generación de ondas de choque en el suelo, a causa de las explosiones.

En concreto, los registros han permitido relacionar bombardeos puntuales, de 100 a 800 toneladas de bombas de alto explosivo, sobre ciudades europeas, con cambios en la ionosfera, normalmente 3 o 7 horas después, sobre el cielo de Slough, en Reino Unido.

La investigación no ha tenido en cuenta los bombardeos alemanes sobre Londres, el llamado «Blitz», de 1940 a 1941, porque los ataques fueron más continuados e implicaron explosiones de menor potencia que los empleados más tarde por los Aliados. Tampoco pueden compararse con los ataques emprendidos por los alemanes al final de la guerra con los cohetes V1 y V2, que implicaron menor potencia explosiva.

ABC