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El año en el que se dinamitaron las estructuras de la Iglesia católica chilena

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Los incesantes abusos sexuales destapados en la Iglesia católica chilena desataron su crisis más profunda y pusieron a su cúpula entre las cuerdas, hasta el punto de que se produjo la primera dimisión en bloque de todos los obispos del país.

El 2018 comenzó con los mejores auspicios para la Iglesia católica chilena: con la visita del papa Francisco, el primero en acercarse al país en 30 años tras la marcada visita de Juan Pablo II en dictadura. Francisco fue primer papa latinoamericano en pisar suelo chileno.

El sumo pontífice venía con un objetivo claro: recuperar la confianza en un antiguo feudo de la Iglesia católica en Latinoamérica que perdía adeptos de forma acelerada, donde existían los peores índices de confianza en la institución, según el Latinobarómetro publicado entonces, y el mayor crecimiento de agnósticos en la región.

Su discurso empezó en la que parecía la dirección adecuada: en La Moneda, frente a un público difícil y selecto, Francisco reconoció la vergüenza de los abusos, de forma clara y directa y pidió perdón por ellos. El mensaje fue bien acogido por una audiencia, esperanzada de que, esta vez sí, la iglesia chilena cambiaría su actitud de negacionismo en torno al tema de los abusos, que causó profundo dolor en la sociedad chilena, marcada por el amplio escándalo de un sacerdote proveniente de la élite y con largos tentáculos en los círculos de poder chilenos, Fernando Karadima.

Pero tres días después las palabras del papa en Iquique, poco antes de partir, defendiendo al cuestionado obispo de Osorno, Juan Barros, y afirmando que las denuncias contra él eran una "calumnia" marcaron un revés que supusieron una de las mayores crisis de confianza que ha enfrentado su papado y la Iglesia católica no solo en Chile, sino en el mundo. Los cimientos del Vaticano temblaron con la fuerza de un terremoto.

Medidas radicales: llega a investigar monseñor Scicluna

A partir de ahí se tomaron medidas radicales: el papa anunció que enviaría a Chile al mayor y mejor investigador de abusos sexuales, el reputado arzobispo de Malta, Monseñor Scicluna, conocido por su emblemática investigación en el caso de Marcial Maciel en México, en el que acabó destapando la red de abusos de los poderosos Legionarios de Cristo.

Scicluna llegó a Chile, y ayudado por su mano derecha, Jordi Bertomeu, recogió el testimonio de los abusos sexuales y de poder de 64 personas, no solo en relación al caso Barros, sino también de los maristas, de los jesuitas, de otros… los casos de abuso florecen como setas en Chile y dan cuenta de una red sistemática que parece salpicar a toda la institución en su conjunto.

El 2018 comenzó con los mejores auspicios para la Iglesia católica chilena: con la visita del papa Francisco, el primero en acercarse al país en 30 años tras la marcada visita de Juan Pablo II en dictadura. Francisco fue primer papa latinoamericano en pisar suelo chileno.

El sumo pontífice venía con un objetivo claro: recuperar la confianza en un antiguo feudo de la Iglesia católica en Latinoamérica que perdía adeptos de forma acelerada, donde existían los peores índices de confianza en la institución, según el Latinobarómetro publicado entonces, y el mayor crecimiento de agnósticos en la región.

Su discurso empezó en la que parecía la dirección adecuada: en La Moneda, frente a un público difícil y selecto, Francisco reconoció la vergüenza de los abusos, de forma clara y directa y pidió perdón por ellos. El mensaje fue bien acogido por una audiencia, esperanzada de que, esta vez sí, la iglesia chilena cambiaría su actitud de negacionismo en torno al tema de los abusos, que causó profundo dolor en la sociedad chilena, marcada por el amplio escándalo de un sacerdote proveniente de la élite y con largos tentáculos en los círculos de poder chilenos, Fernando Karadima.

Pero tres días después las palabras del papa en Iquique, poco antes de partir, defendiendo al cuestionado obispo de Osorno, Juan Barros, y afirmando que las denuncias contra él eran una "calumnia" marcaron un revés que supusieron una de las mayores crisis de confianza que ha enfrentado su papado y la Iglesia católica no solo en Chile, sino en el mundo. Los cimientos del Vaticano temblaron con la fuerza de un terremoto.

Medidas radicales: llega a investigar monseñor Scicluna

A partir de ahí se tomaron medidas radicales: el papa anunció que enviaría a Chile al mayor y mejor investigador de abusos sexuales, el reputado arzobispo de Malta, Monseñor Scicluna, conocido por su emblemática investigación en el caso de Marcial Maciel en México, en el que acabó destapando la red de abusos de los poderosos Legionarios de Cristo.

Scicluna llegó a Chile, y ayudado por su mano derecha, Jordi Bertomeu, recogió el testimonio de los abusos sexuales y de poder de 64 personas, no solo en relación al caso Barros, sino también de los maristas, de los jesuitas, de otros… los casos de abuso florecen como setas en Chile y dan cuenta de una red sistemática que parece salpicar a toda la institución en su conjunto.

El Papa Francisco llega a la Basílica de Aglona en Aglona, ​​Letonia, el 24 de septiembre de 2018. | Foto: Reuters / Max Rossi 

Se abre la incertidumbre y queda a tenor del papa el aceptar cada renuncia de forma individual.

Pero antes de hacerlo Francisco envía una carta a la conferencia episcopal chilena en las que vuelve a retarlos en público, en la que denuncia "la cultura de abuso, así como al sistema de encubrimiento que le permite perpetuarse" afirmando de forma categórica que busca un "nunca más". "Con vergüenza debo decir que no supimos escuchar y reaccionar a tiempo", señala, una vez más.

Y empieza, poco a poco, a aceptar renuncias, un proceso lento marcado por la falta de personas que puedan hacer el recambio y que encarnen un espíritu renovador en la anquilosada estructura de concentración de poder de la Iglesia chilena.

El 11 de junio acepta las renuncias de Barros, de Gonzalo Duarte (obispo de Valparaíso) y Cristián Caro (Puerto Montt), al que siguen el 28 de junio Horacio Valenzuela (obispo de Talca), también cuestionado por ser parte del círculo de Karadima, y Alejandro Goic, obispo de Rancagua, envuelto en un terrible escándalo de abusos a menores y presidente de la Comisión Nacional de Abusos de la Iglesia hasta entonces, que no pudo lidiar con los problemas de este tipo en su propia diócesis. El 21 de septiembre acepta las renuncias de los obispos de Chillán, Carlos Pellegrín, y San Felipe, Cristián Contreras, también envueltos en escándalos de abusos.

Son 7 hasta ahora. Queda pendiente saber qué pasa con las 25 restantes, puesto que los dos obispos eméritos no pueden renunciar en la práctica.

En medio interviene la fiscalía chilena, que allana las dependencias de la Iglesia en Santiago y Rancagua, incauta documentos, llama a declarar como imputado al cardenal Ricardo Ezzati, la máxima autoridad de la iglesia local, detiene al canciller Oscar Muñoz, el encargo de recoger las denuncias de abuso que confesó que él también abusaba…. Y se destapan también abusos por parte de sacerdotes a exmonjas en Talca, en el norte del país…

La manzana parece estar podrida hasta su propio tuétano.

"Fue la confianza la que comenzó a ser embestida por la duda": solo un 9% de los chilenos manifiesta tener confianza en la Iglesia

Los datos de la Fiscalía, que van cambiando mes a mes, hablan en su último balance de 119 causas vigentes, 167 imputados y 178 víctimas, entre aquellos que se atrevieron a denunciar. La punta de un iceberg cuya dimensión real todavía se desconoce.

La Iglesia chilena se precipita en una de las crisis más profundas de la historia, mientras, en la calle, son cada vez menos los chilenos que se identifican como católicos.

"Los casos de abusos sexuales cometidos por miembros de la Iglesia católica no solo implican la comisión de un delito y la repulsión de la ciudadanía, sino también, significaron transparentar la posición de la institución frente a estos hechos, la cual habría optado inicialmente por silenciar las denuncias, desacreditar los testimonios, o bien, ocultar información a la justicia civil", dijo a France 24 Luis Bahamonde, experto en ciencias de la religión de la Universidad de Chile.

"Este hecho abre el debate respecto a las redes de protección de los religiosos sancionados, las pugnas internas en la Iglesia, la falta de debido proceso y garantías hacia las víctimas, así como el rol de la justicia canónica para sancionar delitos y su colaboración con la justicia civil", sostiene.

En consecuencia, fue la confianza la que comenzó a ser embestida por la duda (en la actualidad solo un 9% de los chilenos manifiesta tener confianza en la Iglesia de acuerdo con la Encuesta Bicentenario 2018), donde el actuar de la Iglesia y su jerarquía quedó cuestionada, generando que la sociedad recobrara "la visión" respecto a una "confianza ciega que inhibió su crítica y debilitó su participación en las iglesias", añade el experto.

Los castigos más duros: expulsiones a los antes 'intocables' de la Iglesia

Y se producen los castigos más severos, los que una vez parecían imposibles. La expulsión el 15 de septiembre del sacerdote Cristián Precht, un cura emblemático y hasta hace poco muy respetado, todo un símbolo de la lucha contra la dictadura y la defensa de los derechos humanos de los presos políticos, que ya había cumplido condena por abusos y que se vio envuelto en un nuevo caso, marca un antes y un después en la historia chilena. El mensaje que se transmite desde Roma es por primera vez tajante en los hechos y se acerca a esa tolerancia 0 con los abusos tan predicada por el papa.

Pocos días después, el 28 de septiembre, llegaría un segundo golpe de efecto: la expulsión del propio Karadima, la cara más visible de los abusos en Chile, el sacerdote que, además, formó a 50 prelados más en Santiago y extendió de esta manera sus redes y tentáculos hasta ese día, las que lo mantuvieron a salvo en una casa de monjas manteniendo hasta entonces una vida de "oración".

Poco después, el papa expulsó a dos sacerdotes más: los obispos eméritos Francisco José Cox y Marco Antonio Órdenes, ambos envueltos en casos de abusos a menores.

Mientras se elabora este artículo, el cardenal Francisco Javier Errázuriz, que conformaba parte de la curia de 9 sacerdotes que asesoran de manera estratégica al papa, considerados muy cercanos a él, fue expulsado de ese círculo de poder. Y el sacerdote John O’Reilly, uno de los viejos conocidos condenado por pederastia reiterada, es expulsado del país. Y los cimientos de la Iglesia chilena se siguen remeciendo.

¿Qué más puede pasar? Pocos saben y se atreven a vaticinar, pero será difícil que el tsunami eclesiástico que comenzó se detenga. También que pueda ser más destructivo de lo que ya fue.

Fuente: France24 


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